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martes, 17 de febrero de 2009

La Clandestina y Prohibida "Democracia Parabólica"



Nosotros pensamos, con fundamento, que una de las ventajas que utiliza el comunismo internacional se trata de un "invento capitalista". En tal regimen se sostiene, acertadamente, que la publicidad es uno de los tantos engranajes, posiblemente uno de los fundamentales, de la cadena comercial. Ellos han copiado, como lo hacen siempre ya que no se les cae ninguna idea. Es admirable observar como se valen de la publicidad del producto que algunos ingénuos deciden adquirir, de absoluta buena fe. La única forma de contrarrestarla sería que nos trasladáramos cada uno de los ciudadanos a la Isla de Cuba, para ver in situ, las atrocidades y de tal forma podríamos comprar la realidad Si compro un auto usado y no me resulta o estoy necesitado de dinero, los vendo. Pero si me compro el publicitado y ponderado comunismo que nos venden, una vez incorporado a mi "patrimonio" ideológico", no puedo desprenderse de él. Es vitalicio para sus "adquirentes". Acá va una prueba de la democracia cubana. Les pido que hagan una comparación con lo que sucede en la Argentina, donde todos los días nos quejamos de lo mal que estamos. Nuestra conclusión e que aquello es un Infierno mientras que nosotros, si bien no estamos en el Paraíso, al menos somos libres. ¿A quien le pueden endilgar la culpa de que se ven obligados a ver TV en forma vergonzante?

"Detrás de un tanque de agua, esconde Dayron una antena parabólica para captar la televisión de México y Miami. Vive en un edificio de ocho apartamentos y suministra a cada vecino un cable con la prohibida programación. Aunque la policía rastrea a estos distribuidores ilegales, poco puede hacer, dado el creciente número de quienes cometen el mismo delito. La Habana parece -por momentos- una telaraña surcada de falsas tendederas y tubos de agua por los que corre, en realidad, la proscrita señal de las televisoras extranjeras.

Suscritas a semejante negocio underground, muchas familias pagan una mensualidad de doscientos pesos cubanos, la mitad del salario de cualquier profesional. Reciben a cambio veinticuatro horas de telenovelas, shows y musicales. Los pocos e ideologizados canales nacionales no pueden competir con los colores llamativos y la variedad que llegan desde la osada antena, orientada hacia el satélite.

Para contrarrestar este fenómeno, el gobierno ha entrenado equipos policiales que rastrean las azoteas y cortan los cables sospechosos. La multa puede exceder los mil pesos e incluye la confiscación de los equipos receptores y del televisor. El temor a ser sorprendidos no logra, sin embargo, hacer desistir a los audaces televidentes. Algunos emprendedores han logrado, incluso, colocar las redes de distribución por debajo de la calle, junto a las viejas cañerías de agua. Para hacerlo han contratado verdaderas brigadas que simulan reparar algún salidero, cuando en realidad difunden el perseguido cable.

Los clientes de Dayron están dispuestos a correr todos los riesgos, con tal de ver algo diferente." (Seleccionado del blogg Generación Y, de Yoani Sanchez-Cuba)

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