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miércoles, 5 de mayo de 2010

El vertido de petróleo en el Golfo puede multiplicarse por 8 o por 10.



Hay quien sostiene, posiblemente llevado por la teoría de la conspiración, que es muy pero muy curioso que la plataforma petrolera haya sufrido este "accidente". Mas de un funcionario del gobierno norteamericano, abriga la sospecha de que así como, al principio, se ocultó la verdadera magnitud del desastre ecológico, podrían haber ocultado la verdad del origen de la tragedia. Algunos sostienen que pudo haber sido un sabotaje o un atentado, habida cuenta las consecuencias gravísimas que causaría a la economìa norteamericana. La autoría, podría estar en cabeza de alguna de las mas grandes organizaciones internacionales, que utilizan esta metodología para implantar el terror.
"British Petroleum dio ayer al mundo la primera buena noticia desde que el 20 de abril explotó su plataforma Deepwater Horizon en el Golfo de México: aprovechando el mejor tiempo y la buena suerte se había conseguido sellar una de las tres fugas del pozo petrolero, la más pequeña. Este éxito parcial no disminuye ni en un solo litro la cantidad de petróleo que en estos momentos sigue manando al mar. Pero eleva los ánimos y las apuestas a favor de que la compañía consiga sellar la totalidad del pozo con una especie de cúpula de acero de 98 toneladas de peso, una hazaña que nunca ha intentado nadie hasta ahora a 1.500 metros de profundidad. Más vale que salga bien porque de lo contrario de aquí al fin de semana la magnitud del vertido puede multiplicarse por ocho o por diez.
De 5.000 barriles diarios a 40.000, según informaron algunos expertos ayer en el Congreso, o incluso a 60.000 (más de 6 millones de litros). Esta última es la terrorífica cifra que los ejecutivos de BP han comunicado a la Casa Blanca, en una tensa reunión a puerta cerrada celebrada este martes, según Los Angeles Times. Esa es su estimación del vertido que puede llegar a haber si definitivamente el desastre escapa de control. Algo que en este momento no sólo no es imposible, sino que ni siquiera es improbable.
Estamos hablando directamente del infierno. En este momento las consecuencias de la marea negra ya son brutales, pero de cumplirse los terribles vaticinios que los ingenieros de BP han puesto sobre la mesa de Barack Obama, no hay adjetivos en el diccionario para abarcar las secuelas. Ya no son sólo los pescadores de la zona los que están aterrorizados. Todos los restaurantes típicos de Luisiana han hecho acopio de marisco, llenando hasta los topes sus congeladores de las gambas y las ostras que son la base de la característica cocina criolla o cajun. Lo malo es que las cámaras frigoríficas no dan más de sí y de un momento a otro los precios comenzarán a subir como la espuma. ¿Cuántos de estos negocios podrán sobrevivir en plena crisis?
Por ahora BP procura parar el golpe dando dinero o prometiéndolo. Afirman que entregarán 25 millones de dólares a cada uno de los estados afectados -Luisiana, Alabama, Misisipi y Florida-, sólo para hacer frente a los costes de la lucha por contener el vertido. Luego está la primera lluvia de indemnizaciones a los pescadores y a sus familias. Más la previsible factura que les pasará el gobierno federal por los recursos movilizados para limpiar el océano.
Hay expertos que se atreven a estimar hasta en 1.400 millones de dólares lo que costará finalmente todo esto. Hay que tener en cuenta que la actual ley les obliga a pagar 75 millones de dólares. Pero esa es una ley de hace 20 años. Ya hay movimientos en el Senado para elevar ese tope a 10.000 millones. Y los ejecutivos de BP ya están llamados a declarar la semana que viene en el Capitolio.
¿Será la suya una comparecencia de información o de escarmiento, como la que hace dos semanas protagonizaron los capitostes del primer banco de Wall Street, Goldman Sachs? De momento la compañía tendrá que enfrentarse a un desprestigio enorme, y lo mismo puede decirse de todos los proyectos de perforación petrolífera submarina. Encima ayer se conoció el dato de que cuando BP abrió esta plataforma en el Golfo de México consiguió librarse de la tradicional obligación de elaborar y presentar un informe de impacto medioambiental. Convencieron al gobierno de que no era necesario porque en caso de vertido, «como mucho» se les escaparían 4.600 barriles, algo que se veían «perfectamente capaces» de controlar y de impedir que llegara a la costa. No contentos con este éxito, inmediatamente empezaron a hacer lobby para que la exención de justificar el impacto ambiental se extendiera al resto de plataformas petrolíferas. (Seleccionado de la web española de ABC del 06-05-10)

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