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miércoles, 28 de junio de 2017

Un artículo premonitorio sobre la angustiosa situación en Venezuela

La crisis venezolana no da tregua y se acentúa con rasgos claros de catástrofe. Los problemas no se resuelven, sino que se potencian, lo que hace más difícil la vida cotidiana de cualquier ciudadano de clase media y de los sectores populares. Bienaventurados los que todavía pueden viajar al exterior y adquirir los productos básicos necesarios, práctica que, por lo demás, se hace más frecuente. Las noticias diarias que algunos medios independientes y las redes sociales resaltan son desastrosas. Un repaso, a vuelo de pájaro, da cuenta del proceso de cese de actividades de empresas nacionales o transnacionales con el consecuente daño para la economía y para los trabajadores que, al fin y al cabo, son los que pagan –con la pérdida de sus empleos– las consecuencias de erradas e irracionales políticas gubernamentales que en nada ayudan a la activación del aparato productivo doméstico y, mucho menos, incentivan la inversión extranjera. Damos cuenta de dos casos emblemáticos de industrias que han bajado la santamaría de forma repentina, debido a la situación cambiaria, a la falta de materias primas y otras “menudencias”, que no hacen rentables sus operaciones desde el punto de vista económico y financiero. Es así como la corporación estadounidense Clorox, fabricante de productos de limpieza, informó que descontinuaba sus operaciones en Venezuela “gracias a las restricciones impuestas por el gobierno nacional”, la incertidumbre económica y los problemas con el flujo de suministros (como cosa curiosa, al saberse la nueva sus acciones subieron en Wall Street). La respuesta del régimen no se hizo esperar, el propio vicepresidente ejecutivo de la república, Jorge Arreaza, lideró la toma de la compañía con los trabajadores para reiniciar las operaciones. Sabemos que eso es pan para hoy y hambre para mañana, al igual que ha sucedido con tantas empresas estatizadas que luego han fracasado estruendosamente.
       
        También, llama poderosamente la atención el cierre inesperado –para desagradable sorpresa de quienes allí laboran– de Suramericana de Soplados, que fabrica tanques plásticos de gasolina para vehículos. Sus dueños alegaron en una escueta nota adosada al portón de entrada la liquidación y disolución de la sociedad por razones similares

           En extrañas circunstancias el TSJ ordena la ocupación temporal inmediata –por incurrir en los delitos de especulación y acaparamiento– de Venoco, fabricante de aceites y lubricantes para vehículos (intervenida por el Ejecutivo desde 2010). La reacción de los obreros y empleados fue abandonar sus labores en protesta por tal decisión. Son tres casos que resaltan lo grave de la acciones del madurismo en detrimento del abastecimiento y de la reactivación de la economía nacional.


(Seleccionado de la web del diario venezolano El Nacional, de Caracas, del 03 de octubre de 2014)

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