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lunes, 17 de enero de 2011

Delitos de Lesa Humanidad durante la Guerra Civil Española - Tercera Parte




En el verano de 1936, en el pueblo toledano de El Campillo de la Jara, donde no había frente de guerra y el pueblo estaba en paz, las autoridades republicanas se reunieron y elaboraron listas de hombres que debían ser fusilados con criterios tan dispares como ser agricultor propietario, ser médico, ser criado del médico o rezar el rosario.
En los pueblos pequeños las noticias vuelan de boca en boca y estando mi abuelo y bisabuelo (de 22 y 49 años de edad respectivamente), pequeños agricultores que no se habían significado políticamente nunca, cenando tras una dura jornada de trabajo en el campo, alguien del pueblo se llega a nuestra casa y espeta “idos corriendo que os van a matar”, lo cual hacen. Salen corriendo con lo puesto y se ocultan a las afueras del pueblo aprovechando la oscuridad de la noche e inician marcha monte a través, en dirección al pueblo de Puente del Arzobispo, donde estaba la línea del frente y donde esperaban encontrar amparo. Por el camino se van encontrando con otros hombres huidos y hacen grupo. Ven en la oscuridad de la noche en la lejanía la luz de un cigarro, lo que desencadena su huida en tropel al creer que eran sus perseguidores (narra mi abuelo que era tal la desesperación con la que corría para salvar su vida que no se dio cuenta que su padre desfallecido se había quedado retrasado). Tras toda una noche a marcha forzada, llegan a Puente del Arzobispo y un soldado moro que guarda la entrada del pueblo les da el alto, teniendo que esperar los huidos a la autorización de las autoridades nacionales para poder pasar a zona nacional. En esto, se ve llegar a un hombre joven por el camino al que reconocen como el médico del pueblo, Don Valeriano, hijo del secretario del Ayuntamiento, Don Fidel, al que habían matado los milicianos unos días antes en una cuneta a las afueras del pueblo. El médico era hombre joven como mi abuelo, con la carrera recien terminada, no acostumbrado a la dureza del trabajo del campo y venía huyendo de las sacas de las autoridades republicanas. Entonces el grupo de huidos empezó a llamarle para que se acercara sin miedo y este al oir las voces se dio media vuelta y volvió sobre sus pasos como un zombi. Entonces mi abuelo tomó una caballería de las que solía haber atadas pastando en los cercados a las afueras de los pueblos y montandola de un salto salió corriendo en su busca. Cuando lo alcanzó, el médico se encontraba destruido moralmente y físicamente por la peripecia vivida en los últimos días que le había destrozado la vida, hasta el punto de no reconocer a mi abuelo.

Ante la huida de estos hombres, como represalia encarcelaron y torturaron a sus mujeres, las cuales pasaron la noche rezando el rosario en la checa a la espera de lo que decidieran hacer con ellas las autoridades republicanas al día siguiente.
(N.de R.: recordemos que se denominaba "cheka" o "checa" al lugar donde eran conducidos los prisioneros políticos, una vez capturados. Por lo general se trataba o de inmuebles oficiales o confiscados a sus propietarios. Allí se procedía a torturar física y psíquicamente a los aprehendidos y, en su caso eran liberados u obligados a dar "un paseo". En esta última ocasión, eran conducidos a lugares estratégicamente seleccionados, donde procedían a cavar su propia tumba, para inmediatamente ser pasados por las armas, sin mas. A la fecha estos crímenes de guerra no solamente no han sido sancionados penalmente, sino que no pueden serlo habida cuenta la sanción de la norma decretando una amplia amnistía. Tal norma, al contrario de lo que ha sucedido en la Argentina, no ha sido nulificada por España ya que se considera que no es viable hacerlo. España, con su actitud, demuestra que procede en forma civilizada y conforme a derecho. Nuestro país, muy por el contrario, demuestra que no se respetan los principios establecidos, no sólo en los tratados firmados por el país, sino la propia Constitución Nacional. Por otra parte, habida cuenta que, a la fecha de comisión de los eventos perseguibles penalmente, no se encontraba tipificada legalmente, en España, la figura penal internacional que se les imputaba a los autores, se declaró inadmisible aplicarle a ellos una norma penal mas gravosa.).
Prosigue la narración: "A una de ellas la liberaron ya que estaba amamantando a un hijo de meses y al resto las llevaron a las afueras del pueblo y las fusilaron. Fueron 6 mujeres, mi bisabuela, la mujer del médico, la mujer del chofer del médico (pues en estos tiempos lo normal era que el médico no supiera conducir y necesitaba a alguien que le llevara a las visitas en lugares apartados) y otras 3 mujeres más. También saquearon sus casas robando muebles, enseres, aperos y ganados.
Nunca pensaron los perseguidos que llegarían al extremo de ensañarse con sus madres y esposas las salvajes autoridades republicanas. El brazo ejecutor de los fusilamientos, al parecer fueron unos milicianos llegados desde el pueblo toledano de Polán, que iban de pueblo en pueblo haciendo este tipo de trabajitos, de los cuales nunca se supo terminada la guerra.

Enterado de rumores según los cuales iban a destruir la placa conmemorativa de estos hechos que había en la fachada de la iglesia del pueblo, me desplacé desde Madrid donde resido para obtener fotos, pero llegué tarde pues ya habían picado toda la fachada de la iglesia. Me desplacé entonces al lugar donde fueron asesinadas, pues sabía que allí había un monumento conmemorativo. Probablemente por lo apartado del lugar, en una carretera abandonada, no han reparado en su existencia y a lo mejor no lo destruyen. Efectivamente, allí se encuentra la cruz. (Seleccionado de la web española de Libertad Digital) .

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