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domingo, 26 de noviembre de 2017

El submarino Armada República Argentina "SAN JUAN".







                                                               

“Una investigación del Ministerio de Defensa alertó sobre "irregularidades" en la compra directa de las baterías del ARA San Juan, según la copia de esas actuaciones que llegaron con carácter secreto a tres despachos oficiales, y a las que accedió LA NACION. La información coincide con una auditoría de la Sindicatura General (Sigen), que también cuestionó el procedimiento.

La investigación, desarrollada por expertos de Defensa entre 2015 y 2016, determinó que la Armada habría incumplido los estándares normativos y operativos para la reparación de media vida y el recambio de baterías; que se buscó direccionar la compra de suministros para beneficiar a ciertos proveedores, y que, en ese proceso, se habrían adquirido insumos con garantías vencidas y cometido delitos.

"La información colectada resulta contundente al menos para sostener no sólo que esas contrataciones no se ajustaron al procedimiento administrativo reglado, sino además que el personal militar a cargo de las mismas posiblemente haya incurrido en conductas ilícitas que beneficiaron a las empresas adjudicadas, Hawker Gmbh y Ferrostaal AG", precisaron los investigadores de Defensa.

Esos mismos investigadores alertaron del tema en 2015 a funcionarios del kirchnerismo. Y también que lo mismo ocurrió al cambiar las baterías de los submarinos Salta y Santa Cruz. Consultados por LA NACION, desde el Gobierno indicaron que están revisando "todos los procesos dentro de la Armada" y que se abrirá una investigación interna "profunda", pero que ahora la prioridad es hallar el submarino, recuperar a todos sus tripulantes y, luego, peritar el San Juan para determinar "qué pasó y las consecuentes responsabilidades".

La investigación interna a la que accedió LA NACION no fue la única que reportó sobre "irregularidades" de la Armada en la reparación del submarino ARA San Juan. La Unidad de Auditoría Interna del Ministerio de Defensa también redactó varios informes. Y la Sindicatura General de la Nación (Sigen) presentó su auditoría MD 13776/16, en mayo de 2016, que tampoco es de acceso público, pero cuyas copias obtuvo LA NACION de informantes de la Sindicatura.

En el caso de la Sigen, sus técnicos expusieron desvíos en los planes trazados para la ejecución material y presupuestaria de la obra, con demoras de hasta 4 años: "Dichas demoras permitieron, en el caso de las baterías, la pérdida del período de garantía".

Eso mismo, detectó la Sigen, ocurrió con los motores: "La pérdida de la garantía de los motores derivó en la necesidad de efectuar la contratación directa N° 62/13 con la misma empresa, para renovar el plazo de garantía (ejecución de los trabajos de inspección y verificación para puesta en marcha segura de los motores y para otorgar las correspondientes garantías técnicas que se derivaron de dichos trabajos). Dicha obra tuvo más de 314 días de demora".

Todos esos informes reservados podrían ayudar ahora a la Justicia a determinar qué pasó con el ARA San Juan. Para eso, la jueza federal con asiento en Caleta Olivia, Marta Yáñez, ordenó al complejo Cinar-Tandanor, donde se desarrolló la reparación de media vida, que preserve toda su documentación.

Los informes secretos cuyas copias obtuvo LA NACION, sin embargo, no se encuentran en ese complejo, sino en el Ministerio de Defensa. Y alertan sobre "irregularidades detectadas" dentro de la órbita de la Armada y "un sinnúmero de maniobras irregulares y tendenciosas que tenían como único fin" la compra de las baterías "a las firmas Ferrostaal y/o Hawker, de manera indistinta como único proveedor solvente".

En el caso de la investigación interna, cuyo informe comenzó a circular dentro del Ministerio de Defensa en 2015 y continuó en circulación con la actual gestión, también detectó que "los remitos que se adjuntan por cada entrega de materiales no coinciden ni con el número ni con el monto de las facturas acompañadas a las órdenes de pago, que ascienden a la suma parcial de 1.312.214 euros".

Según verificó LA NACION, además, varios de los funcionarios de la Armada que participaron en las contrataciones cuestionadas también habían participado en la contratación de Ferrostaal para adquirir una planta propulsora para la Fragata Libertad, que derivó en una investigación penal que quedó en manos del entonces juez federal Norberto Oyarbide.

Por su parte, los investigadores también detectaron que los procesos de la Armada tanto para el submarino San Juan como para los ARA Santa Cruz y ARA Salta y la Fragata Libertad registraron varios puntos en común:

En las cuatro obras se contrataron las mismas empresas: Hawker y Ferrostaal;

En las cuatro contrataciones, además, se descartaron propuestas efectuadas por otras empresas;

En esos procesos se retrasaron las notificaciones a otras empresas que podían competir con los datos sobre las condiciones para presentar sus ofertas;

En esos procesos también se aceleraron los pasos administrativos, -sin cumplir con los requisitos y plazos- para adjudicar las contrataciones y firmar los contratos;

Se habrían adulterado ciertos tramos del expediente administrativo para darle visos de legalidad a la decisión que ya había sido tomada;

Se omitió analizar la razonabilidad de los montos que cotizaron las dos empresas proveedoras;

Después de la adjudicación, notificaron tarde o no notificaron a la principal empresa rival, lo que complicó que interpusiera impugnaciones.

El informe interno también recomendó a las máximas autoridades de Defensa avanzar sobre las responsabilidades administrativas, disciplinarias y penales de los responsables. Para eso aconsejó alertar a la Oficina Anticorrupción y que se radicara una denuncia penal contra oficiales y funcionarios de la Armada, "incluso contemplando la conexidad que en principio presentarían esos sucesos en relación con otros casos similares cuyas investigaciones se encuentran en trámite ante la justicia federal". Eso no ocurrió.” FUENTE: La Nación.

Efectivamente, el entonces maleable juez Oyarbide, por obra y gracia del azar, representado por la Oficina de Sorteos del Tribual Superior pertinente, resultó desinsaculado para intervenir en tales eventos. Mediante una interpretación errónea, dolosa o no, de la denuncia pertinente, este magistrado habría archivado la causa. Se imputaron, en la ocasión, estafa y malversación de caudales públicos.

La que fuera ministra de Defensa en esa época, defendió lo actuado. Como es lógico ya que corría con la responsabilidad penal y administrativa de tales eventos, en caso de haber ocurrido.  Expresó ella que el A.R.A. San Juan, tuvo inversión y se lo puso a cero entre los años 2009 y 2011”.  Según informes que me han llegado, de manos de un amigo, quien concretó la denuncia sobre supuestas irregularidades en los astilleros de la Armada Nacional,  fue José Gómez, destinado entre 2004 y 2008 a los Astilleros Domecq García, precisamente donde se efectuaron las reparaciones de los submarinos San Juan y Salta.

No se advierte que, en forma urgente, se hayan ordenado medidas cautelares para impedir que alguien deforme la realidad, en lo que se relaciona con el submarino SALTA ya que, de hacerlo, adelantaríamos tiempo. La intervención de la OA no hace nada más que revivir el deseo de muchos de que se rehabilite en la misma forma con que funcionó en sus mejores épocas, a la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas. El evento del San Juan nos permite avizorar que, tarde o mas temprano se tropezará con el obstáculo de que la política sucia, ha metido sus narices en el entuerto. La Oficina Anticorrupción es un engendro que vio la luz ante la pertinaz insistencia de Menem a fin de obstaculizar cualquier investigación que impidiera su labor delincuencial en la función pública. Al punto de colocar durante su mandato, en el  “freezer” a aquella Fiscalía Nacional.

Sucesivos gobiernos fueron aumentando su declinación natural, al colocar en su dirección máxima, a personas que no reunían los requisitos que le sobraban a un Sadi Massue, para poner un ejemplo. De regresar ese organismo, al funcionamiento idóneo del pasado, nadie podría impugnar las decisiones que esta Fiscalía adopte, tildándolas de mendaces, parciales o de ausencia de objetividad.  Por cierto que esta ocasión se presta al “reciclaje” legislativo y actualizado de tal organismo, de tal suerte que sea eficaz y eficiente como para encarar la investigación de eventos, como en el caso del desastre de la Estación Once, el de los submarinos, y otros similares, causados por la herencia corrupta que hemos recibidos y que el gobierno actual, se ha cuidado de publicitar que la recibía a título de inventario, haciendo conocer a quienes votamos cual es la verdadera situación.

Caso contrario se debe hacer cargo in totum de las futuras muertes que eventualmente seguirán ocurriendo.

Recuerde el Poder Ejecutivo que la corrupción ha sido elevada a una tipificación penal que reconoce rango supra legal (Confr,. C.N.) y los autores deben ser  equiparados, según la Carta Magna, a los traidores a la Patria con lo que nos señalan que es una exigencia nacional que las causas penales donde se  investigan tales delitos, deben extremar su eficiencia a fin de impedir que caigamos en la falta de tutela judicial y en la fácil impunidad por el transcurso del tiempo.



No olvidar que nuestro país, ha rubricado sendos acuerdo internacionales que lo obligan al respeto irrestricto de sus clausulas, las que sin duda tienen una categoría superior a cualquier norma legal nacional, incluyendo al propio código penal, que es una ley más.

Siguiendo con la denuncia de José Gómez, quien tuvo la osadía de enfrentarse contra la mafia que ostentaba el primer puesto, en esta suerte de regata delictiva, se procedió ante la entidad de tales eventos que se denunciaban, a confeccionar un sumario administrativo que, por lo que veremos, de sumario sólo ostentaba el nombre, ya que evidentemente fue una figura legal, tomada prestada, para aumentar la impunidad eventual. En el 2007, luego de diversas trámites, al parecer totalmente destinados a ganar tiempo, se concretó la denuncia penal, que tuvo la “suerte” de recalar en un juez “amigo” del poder. La denuncia criminal tuvo, entre otros imputados, al almirante Godoy jefe de la Armada,  a otros oficiales de dicha arma y también a civiles, como no podía ser de otra forma, dadas las característica de los eventos  criminosos que se denunciaban.

Tales eventos, evidentemente, necesitaban de la “colaboración” criminal de funcionarios civiles que ostentaban cargos de jerarquía y que, al parecer, habrían mirado hacia otro lado. Sin pensar que se estaba concibiendo a la criatura que mas tarde se encargaría de quitar la vida a nuestros 44 HEROES, sí, con MAYUSCULA.

Como expresamos, la denuncia fue archivada. Procesalmente no correspondería que siguiera actuando la juez federal de Caleta Olivia quien debería inhibirse para seguir conociendo en este tema tan espinoso, ya que no es ilógico admitir que estaríamos frente a una asociación ilícita cuyas cabezas se encontraban en las altura de la pirámide jerárquica, traspasando los uniformados. Y la denuncia primitiva, maguer el destino irregular que habría tenido, recayó en el juzgado federal a cuya cabeza estaba el juez Oyarbide. Es evidente que hay que ir al inicio de todo ésto y no sólo a las consecuencias irreparables, ya que ningún magistrado puede conocer un evento penal de estas características sino tiene a la vista, para su valoración, la totalidad de los elementos probatorios pertinentes. Obrar de otra forma es contra la praxis investigativa.

Las acciones como éstas, reconocen un común denominador, puesto que son investigadas en diversas ocasiones y por diversos juzgados, al punto que, valoradas en forma aislada, podrían eventualmente confundir a un magistrado mas o menos inoperante  dándole argumentos no a un indolente sino también a un “amigo” del poder. Es la pequeña puerta que se utiliza generalmente para facilitar la  fuga del dolo, entre los meandros de la pertinaz burocracia.

En el caso de la denuncia de las irregularidades, que se habrían concretado, en el “service” integral que tuvo como destinatario al submarino A.R.A. San Juan, se adoptó una medida ejemplificadora.

Alguna almita sencilla, casta  y pura derivará de tal afirmación, que se llegó a lo mas alto y que las sanciones penales y de orden administrativo, fueron ejemplo para que nadie mas ose apartarse de las normas y observar conductas reñidas no solo con la moral sino con la ley. No olvidemos que no estamos en Suiza. Estamos en el país conocido como “Cleptolandia”: quien resultó gravemente sancionado, como ejemplo para aleccionar a quien ose imitarlo en un futuro posible, fue el propio denunciante. Efectivamente José O. Gómez, a quien la justicia debería oír perentoriamente, antes de que sea “suicidado”, fue lisa y llanamente destituido y dado de baja de la Armada Nacional por denunciar “hechos gravísimos de corrupción durante la gestión de Nilda Garré. Luego de 27 años de servicio en esa institución, con un promedio de 9,75 acusándosele de insubordinación, por lo que incluso perdió su retiro (Dra. V. Villarruel, 23/11/17).



Si existiera la FNIAd.  Si la ley orgánica de ella, fuera la que le otorgó la ley que permitió su maravilloso y eficaz funcionamiento, seguramente este organismo estaría ya, ahora mismo, labrando actuaciones preventivas, recibiendo declaraciones antes de que los testigos se “suiciden” colectivamente, y la eficacia brillaría por, sus fueron, en aras de una efectiva anticorrupción.

La ley actual, pone en funcionamiento la OA en forma muy, pero muy lenta, al punto que cuando se llega al meollo del asunto, la gente ni se acuerda de que se estaba hablando.
















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